lunes, 5 de enero de 2009

POESIA, MURMURACIONES DEL POETA, MIGUEL OSCAR MENASSA

No sólo no les pasó el psicoanálisis,
tampoco les pasó la bomba atómica:
Hongo mutilador,
me deformo al compás de tus radiaciones
y, en esa mutación,
se transforma conmigo la Poesía.

Deformidad para Ella, también, la sublime.

Abro su pecho y en medio de su blancura estúpida,
hago estallar una canción de sangre
y de petróleo humedecido por el llanto de mil generaciones
y no habrá forma que soporte semejante grito.

¡Tengan cuidado las Academias!

¡ Ha llegado el Poeta!

Y esta vez, el poeta, no es un niño desolado
que, solitario e indefenso, busca almas gemelas
y escribe poesías porque si no...
Esta vez el poeta tiene, claramente, odio en su mirada,
en su mirada tiene ejércitos, hombres, mujeres,
millones de palabras en cualquier dirección,
fuera de toda enciclopedia.

De noche,
tumultuosas estrellas como ideas se fragmentan por ser,
los sentimientos quedan arrinconados, maltrechos,
todo es grandeza.

Puma, Poeta de la Noche,
descifro mi propio epitafio:

murió porque murió,
era una alondra,
vestigios de una raza,
fue la piedra y el viento.
Sonora voz,
arpegios de lo humano entre los soles.

Soy no soy,
la triste flor que se derrama frente al fuego.
Fruto maduro, y sin embargo,
simiente poderosa.
Muero y me reproduzco y a la vez
danzo compases cósmicos,
-ruidos, como de bronces haciéndose pedazos-
perfiles del tiempo donde mi saber,
alcanza la dimensión de la carne:
ubre maligna, contagiada de las peores libertades
carne en la poesía
y en esa ráfaga sin dimensiones,
-primer vagido del hombre
contra su propia razón de matar,
contra su propia razón de vivir,
grito gutural y deforme,
contra la propia garganta de la muerte-
el Hombre a sus anchas no se deja medir.

Sin Dios,
combinando todas las palabras,
sin encontrarlo.
Librado a su propia suerte,
a caballo de la poesía sobre los sentidos,
buscando nuevos horizontes.

Y en el encuentro con lo nuevo,
la plenitud es el orden de todas las cosas,
porque lo nuevo, cuando tiene la presencia de ser,
calma la sed
y el hambre
y los deseos
y no se detiene
cuando se ensombrecen los rostros más bellos,
porque la belleza es su movimiento
y en ese devenir enloquecido, antes de envejecer,
deja su luz entre las sombras.

Esos días se descansa, se come pan,
se beben naranjas heladas y se sueña.

La Poesía esos días lo puede todo.

Emborracharnos de naranjas heladas
hasta que nuestro cuerpo,
tenga el color de los frutos maduros
y las piedras hablen
y las gaviotas se hundan silenciosamente en el mar.

Y cuando lo nuevo es inasible, Poesía,
por haber tejido su ser entre tus mallas
y cuando las ambiciones de lo nuevo son infinitas
por haber surgido invisible de tu ser invisible,
deja, también, cuando desaparece,
-hombre y, a la vez, felino de la noche-
sobre tus vaporosas pieles
-de su paso deforme por la vida-
huella feroz,
indeleble desgarro multiforme en tu belleza única,
monstruosidad,
crecida al amparo de tus senos nevados,
fuera del alcance de tus límites,
silvestre y desmedido origen de mi canto:
tu piel,
arrancada de su lugar y, todavía,
bella.

1 comentario:

Antonia López Pérez dijo...

No se puede ser más grande que el gran poeta, que sos. Antonia