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martes, 7 de julio de 2009

Recital de poesia de Norma Menassa en el Colegio Mayor Argentino "Nuestra Señora de Luján" el 19 de julio de 2009 a las 19h


LA CASA, MI MORADA
Y fui atravesada por los corredores del deseo,
y dejé que los frutos del sudor fuesen la esencia del destino.
Tuve cómplices secretos,
yo y mi alma caminando en la experiencia de la luz del día,
o en el abismo de las noches.
Mi boca probó de lo dulce y de lo ácido,
pero apenas probó el sabor de la gloria fugaz.
Esa bengala abriéndose en festejos,
colores agotados de tanta luz cedida.
La gravedad me tironeaba
y a veces perdía el equilibrio mirando las estrellas,
otras veces gritaba porque el dolor no adquiría su estatuto,
o no entendía que la rosa tiene su vanidad herida por la espina.
La belleza primero fue una estatua,
jugaba a las niñas todo el tiempo,
hasta que fui una iluminada habitando desiertos, soledades,
pidiendo a los extraños el calor de los cuerpos,
mirando esa mirada sin respuesta,
ese agujero por el que intentaba fundirme con el otro.
Del camino os diré,
no me siguió ninguno,
cada uno iba a su aire buscando algún signo,
algún punto,
alguna vertiente natural,
algún otro sendero para ensanchar su paso.
Más bien estacionaba en los umbrales
porque encontraba en ellos el resguardo del viento,
y el límite preciso de tener una casa,
una morada, a veces apremiada
por alguna violencia imaginada entregada al exilio,
un lugar de pasión, una canción cantada a media voz
entre los arco iris espectrales de las tardes.
NORMA MENASSA
Argentina, 1938
De "Pertenezco"

lunes, 29 de junio de 2009

¡Cuidado que viene la hermana mayor de Menassa!


LOS QUE SE QUEDARON

Tiempos extraños, lejanos de perfumes y cabellos al viento.
La edad pasó en horas congeladas y tardes de tedio,
corriendo por las avenidas al ulular de las sirenas
que enfriaban las hojas de los árboles,
antaño reverdecidas de sol y sacrilegios
cometidos en crueldades sin nombres,
sólo lápidas de mármol convertidas
en blancas banderas de rendición.

¿Qué demonios arrojaban azufre sobre los adoquines,
apisonados rectángulos prisión de hierro y piedra
que partía los solitarios cuerpos de los jóvenes,
enrojecidos, tristes de sangre de crepúsculos y muerte anticipada,
que congelaba el alma?

En los exilios pienso… y quedo detenida en el espacio,
y desciendo en silencio los escalones del despojo,
y mi carne no responde ya al estremecimiento
y abandonada yerra por laberintos ciegos
lejos de cualquier sueño.

Cómplices del silencio, del crimen, de la hoguera,
nos quedamos mirando los frentes de las casas
sin ángeles pintados, sin olor a glicinas,
con gorriones de luto y un otoño empalideciendo
la vida de los que no partimos, sin saber por qué causa
la escarcha y el glaciar mantienen la distancia.

Después la noria continuó girando,
pero no pudo con los lechos urgentes robados a la luna
que sabes a agonías,
con las sonrisas detenidas en bordes de locura,
y pieles desmayadas en frentes apretadas por latidos estériles
con vapores de espanto.

No pudo con lo inútil de un llanto,
un llanto de fantasmas que atravesaba sombras
en regiones de mausoleos de ónix,
donde esta vez el ave se quedó de tutela durmiendo de costado.


NORMA MENASSA
Buenos Aires, 1938