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sábado, 22 de mayo de 2010

HAITÍ: LA HORA DE LOS ALBAÑILES

El viaje a Haití es extremadamente difícil y costoso por las circunstancias del terremoto. Las compañías de transporte aéreo sobrecargan en el precio, y cobran por todo, por la bebida, por la comida durante el vuelo, por el bagaje y si cancelan los vuelos, no pagan por el hotel. A veces uno tiene que esperar por dos días y dos noches para una conexión. En Port-au-Prince no hay gasolina, los taxis cobran carísimo, y no hay lugar en los hoteles. El pueblo haitiano es fuerte y de coraje. Todos quieren trabajar, reconstruir sus casas, pero no tienen herramientas ni material de construcción. Además, si salen de las tiendas de refugio, no reciben la comida que les ofrecen una vez al día. Y sin empleos, no hay sueldos para comprar nada. El gobierno tiene sus propios problemas y tanto el Presidente como los Alcaldes están funcionando en oficinas temporarias en la ciudad. El Palacio del Presidente y la Alcaldía han sufrido daños. También la cañería de agua se ha descompuesto y falta agua por todas partes, así como la electricidad. la ayuda económica internacional no alcanza siquiera para empezar la reconstrucción.
Ésta fue la tercera vez que ha viajado a Haití. las dos primeras veces fueron antes del terremoto. Si en los primeros viajes, la pobreza no me había espantado, ahora sí, es un espectáculo tan absurdo y tan agresivo, que me hace sentir verdadera impotencia por no poder ayudar al pueblo de Haití, para que se rehabilite, que se sacuda el polvo de los edificios amontonados en pedazos de concreto y alambres retorcidos y se levante glorioso como tantas otras veces.
Las casitas de madera y lata de la vecindad pobre están deshabitadas y sus paredes abiertas a la intemperie, sin techos. han quedado allí como un recuerdo de una vida sin grandes recursos económicos, pero con los colores humanos, la presencia de los niños, las ropas colgadas de un hilo entre una casa y otra. había mucha bulla, madres gritando a los niños corriendo, y a voces gente cantando. En las plazas y jardines antes tan verdes y floridos, ahora están las ciudades de tiendas, largas, hechas para abrigar de tres a cuatro familias, tres lados de toldos de lona azul y un lado abierto por donde entra la luz del sol, el viento y la lluvia. Afuera los niños juegan, las mujeres trabajan, y los hombres se extienden sobre el suelo como si estuvieran inanimados, esperando la muerte, o un milagro que no acontecerá con la rapidez necesaria. No hay donde ir. No hay trabajo. No hay más comida que un plato casi frío, después de vencer la fila de caridad y la vergüenza de estar allí como enfermo de una miseria que no tiene cura.
Todos saben que las lluvias van a aumentar, que los huracanes y tornados van a venir en cualquier momento y que hasta las cubiertas de plástico impermeable que le han puesto arriba para proteger de la lluvia van a volar, dejando todos al descubierto. Y saben también que si salen de la plaza de las tiendas no recibirán la comida aunque sea una vez al día. y yo, con lágrimas en los ojos me preguntaba: ¿Cuál es la diferencia entre la pobreza con dignidad que vi antes y la miseria con caridad de ahora? ¿Por dónde empezar la reconstrucción del mundo? Por coincidencia hoy mismo vino en la Internet un cuento de Eduardo Galeano, sobre la conversación entre un obrero y su hijo, el cual le pregunta: “papi, si Dios no existe, ¿quién ha hecho el mundo?” y el obrero responde: “¡Pues el mundo lo construimos nosotros, los albañiles!”. Los grupos internacionales de la caridad cristiana bien podían ahora llegar a Haití preparados para ayudar como albañiles en la reconstrucción. Los haitianos pueden hacer las herramientas y cargar piedras, y hacer ladrillos y puertas y ventanas, si tienen los recursos para ello. Trabajando y recibiendo su sueldo podrán volver a vivir con dignidad. hay que reconstruir la alcaldía, las escuelas, las guarderías, los hospitales. hay comida, frutas y legumbres por todas partes para vender. Haití no ha parado de producir su comida, ni la natural ni la de fábricas. hay agua en Haití. Mientras no se restablece el servicio de agua pública, es posible hacer pozos, cisternas y de llevar el agua de un lado a otro. Esto resuelve muchos problemas de falta de agua. he visitado una clínica de dentista para niños pobres. Estaba cerrada por falta de agua y de electricidad. La encargada de esa clínica me decía que necesitaba medios para construir un pozo y de restablecer la electricidad por medio de un generador. Pero, ¿dónde está la ayuda para pagar los trabajadores?
Es la hora de que las tiendas salgan de las plazas, de que los hombres y las mujeres de Haití regresen donde estaban sus casas y pongan las piedras, las tablas, los techos sobre una base más firme que la anterior. Es necesario que la ayuda internacional llegue con herramientas, brazos para trabajar y dinero para que cada constructor de su propia casa reciba un sueldo para que pueda comprar comida después del día de trabajo.
Me llevaron a pasar la noche en una casa tan bien construida que no ha sufrido daños durante el terremoto. Mi cuarto tenía baño privado, pero no tenía agua. La dueña de la casa, muy amable y diligente, llegó con un balde de agua y lo depósito dentro de la tina del baño. Y me dio un vaso para que pudiera bañarme echándome el agua. No he visto a nadie más en la casa, pero mirando las fotos en la pared, y los muebles de lujo me di cuenta de que allí vivía gente rica e importante. En la mañana siguiente, mientras me llevaban al aeropuerto, me han satisfecho la curiosidad diciéndome que la casa había pertenecido al gerente de la compañía de coches estadounidense General Motors, en Haití. La casa tenía una muralla, y antes de entrar, la persona que conducía el coche hizo sonar el claxon y desde adentro abrieron un portón enorme, por el cual entramos. Me preocupaba tanto secreto y tanto cuidado para que nadie supiera dónde yo pasaría la noche. la conductora del coche me explicó que un gran problema de Haití, antes y después del terremoto son los secuestros. Es verdad. yo hablé con una mujer que había sufrido un secuestro y que sólo salió con vida porque su familia consiguió juntar parte de la cantidad de dinero que le pedían por ella. Ella me dijo que no se puede confiar en ninguna persona, pues hasta un empleado de la casa puede conspirar con los secuestradores. Me vino a la mente lo que Fernando Lugo dijo durante su campaña electoral, sobre el miedo que los ricos tienen del secuestro y del robo: “Renuncio a vivir en un país donde unos no duermen porque tienen miedo y otros no duermen porque tienen hambre”. Y me alegro que él haya ganado las elecciones. Espero ver el paraguay algún día, sin miedos y sin hambre. Y el futuro Haití también.
Tuve oportunidad de hablar con algunas personas de negocios que ya están listas para reabrir sus puertas y reanudar la vida económica del país. Las fábricas ya pueden producir y transportar productos haitianos, pero la gente sin trabajo, viviendo de caridad no tiene dinero para comprar nada. la exportación está bloqueada. Además ya ha empezado una economía clandestina en las calles, en donde toda la ropa y la comida que llega hasta el Haití por vía de la República Dominicana en los grandes camiones de caridad para ser distribuido en las tiendas a los refugiados, es vendido a quienes no alcanzaron a recibirlo gratis.
los amigos que me han recibido me llevaron a los hospitales/clínicas en las tiendas de las plazas, donde he visto cuatro únicas camas en una de las tiendas, con los casos de mayor emergencia, y en otras tiendas, centenares de personas sentadas como en un auditorio abierto, esperando para ser atendidos por dos médicos que lo único que podían hacer era oír sus quejas y aconsejar, pues no tenían medicinas. Por eso las que llevé fueron muy bien recibidas, aunque no alcanzaban para todos.
Después fuimos a una escuela donde los niños y niñas, bien aseados y bien vestidos en sus uniformes me recibieron contentos y con cariño. las niñas traían sus siempre lazos blancos en la cabeza. Todos habían recibido su almuerzo en la escuela en un enorme comedor, que también he visitado. En Haití, como en muchos países pobres que he visitado, los niños comen primero. Es una tradición que todos respetan. Los adultos comen después, lo que queda. Me acordé de la primera vez que fui a Haití y que me hospedé en una casa que acogía los niños de la calle. Ellos habían transformado la casa en hospedaje para extranjeros (como yo). Los niños cocinaban, limpiaban la casa, y traían agua desde afuera en baldes que depositaban dentro de los baños de los cuartos de huéspedes. El costo era solamente diez dólares al día, pero uno siempre les daba propina por servicios extras, como una botella de agua, o un café fuera de la hora de la comida. Los niños me habían recibido y despedido cantando. Quise saber dónde estaban aquellos niños, pero nadie sabía de ellos: su casa ha sido derribada.
Todos dicen que ya es la hora de reconstruir antes que empiece la estación de las tormentas y los tifones. hay mucha ansiedad y miedo del futuro viviendo en esas tiendas. Hay falta de empleos con tanto trabajo que hacer! Dicen los entendidos que lo que falta en Haití ahora es el capital que produzca empleos y pague el trabajo de la gente pobre.
Los artistas exponen sus obras en las calles, en la grand galería de arte llamada “Festival Arts” que por suerte no ha sufrido daños por el terremoto, pero no hay compradores. los grupos de la caridad no se interesan por el arte, siquiera la han visto por donde pasan, y los artistas ya no tienen material para seguir pintando, ni dinero para comprarlo. Me vienen a decir que un artista ha perdido sus dos piernas y no se puede mover. Los amigos están buscando a alguien o a una institución que le ponga las piernas mecánicas. Pero eso es carísimo y no aparece ninguna donación para él. Sólo en los Estados Unidos sería posible ser operado para recibir las prótesis, pero ¿dónde? El consulado no le da la visa, mientras no tenga un patrocinador. La depresión y la tristeza lo consumen. Y el artista sigue sólo y sin poder moverse.
hace más de tres meses desde el terremoto. La vida está hirviendo en las calles de Port-au-Prince, pero la vida es triste, y para algunos, es peor que la muerte.

Teresinka Pereira
tpereira@buckeye-express.com



HAITÍ ADIÓS

Ahora recuerdo
que me perdía
en el dolor de Haití
Ahora mi ausencia
toma velocidades
de deseos
en tormenta de mensajes
de amor y del exilio
de tu amor,
senderos de Haití.

Teresinka Pereira
28 de abril, 2010

lunes, 29 de marzo de 2010

EL CANDIDATO Y LA VACA INTELECTUAL

A veces para los escritores, poetas, científicos, economistas, etc. la candidatura al Nobel vale más que el premio. No digo esto para disminuir el prestigio del mismo, sino para explicar las ocasiones en que entre tantos candidatos de la alta esfera intelectual del universo, todos quedan para atrás, mientras un desconocido escritor tercermundista aparece como el ganador del trofeo literario más codiciado del mundo. Hay miles de explicaciones, mucho más concluyentes que el reducido número de ganadores del Nobel desde que ha sido instituido el famoso galardón en 1885. Y por esas sinrazones, entre Sartre y Camus el comité del Nobel optó por el segundo, en su tiempo. Y el año pasado una desconocida escritora rumana llamada Herta Müller, ha ganado para Alemania (su patria emocional) el Premio, que debería haber sido otorgado al escritor brasileño Frei Betto, mucho más internacionalmente conocido y apreciado.

Algunas veces el Premio Nobel llegó a reconocer la literatura en la América Latina, y fue bien recibido cuando se lo otorgaron a Gabriela Mistral (1945) y a Pablo Neruda (1971), ambos de Chile; a Miguel Ángel Asturias (Guatemala, 1967), a Gabriel García Márquez (Colombia, 1982) y a Octavio Paz (México, 1990). Los argentinos han siempre propuesto a Jorge Luis Borges para el Nobel y muchos se quejaron de que no lo obtuvo nunca. Borges murió en 1986. Era un literato e intelectual puro, trataba de temas literarios, filosóficos o sobre el azar de la vida. Su estilo era moderno, un poco realista mágico. Sin embargo, toda inteligencia y dedicación literaria no le alcanzaron para entender una política humanística que fuera también humanitaria. Cometió el pecado de apoyar a la dictadura chilena, haciendo elogios al General Pinochet, en su momento más opresivo. No mereció el Premio, porque éste, según su creador Alfred Bernhard Nobel, es para ser otorgado “a las personas cuyo trabajo contribuyera al mayor beneficio a la humanidad”. Y sabemos que apoyar a una dictadura militar no contribuye a ningún beneficio para la humanidad.

Este año hace falta reconocer que la América Latina ha servido de cuna a grandes escritores y poetas humanitarios. Miguel Oscar Menassa nació en Argentina (1940), pero como él mismo dice, podría haber nacido en cualquier otra parte del mundo, aun siendo “de madre nieta y bisnieta de araucanos, Lautaro entre otros, y de padre árabe descendiente directo del inventor de la palabra amor entre los árabes.” Realmente es MOM de ilustre linaje. De las raíces de los araucanos y su dulce hablar mapuche ha heredado la valiente postura de resistente al dominio militar impuesto por el nuevo imperialismo. De los árabes ha heredado toda la cultura literaria liderada a su tiempo por la poesía amorosa de Abu-J- Atahiya y Abu Nuwas y el estilo casi picaresco de Hariri del siglo XI, así como la imaginación árabe que ha compuesto Las mil y una noches. De hecho, MOM es un contador de historias en versos, como lo dice en el poema “Basta de versitos, pibe”:

Con la pluma insensata
de las habladurías
yo contaré la historia:
Será en verso, amañada,
torpe en la encrucijada,
de tener que asegurar algo.
(Monólogo entre la vaca v el moribundo*, p. 11)

MOM vive en España desde 1976. Ya es ciudadano de España y del Mundo, como lo sabemos. A los escritores españoles ya han otorgado el Nobel varias veces: a José Echegaray (1904), a Jacinto Benavente (1922), a Juan Ramón Jiménez (1956), a Vicente Aleixandre (1977) y a Camilo José Cela (1989). Desde hace 20 años, no le toca a un español el Premio Nobel y ya es tiempo de premiar otra vez un escritor del idioma de Cervantes. Cuando lanzó el libro Monólogo entre la vaca y el moribundo, Miguel Oscar Menassa ya estaba listo para recibir el Nobel: “El amor puede transformarse en confort y el premio Nobel estar esperándonos, a la vuelta de cualquier esquina”, dijo.

El poeta vive de palabras, no sólo de sueños. Los sueños son para los demás, los que se acuestan en el sofá del psicoanalista. La vaca, la mujer, las otras mujeres, las putas, toda la humanidad con soldados y sus guerras, dependen de las palabras para existir, como anunciaba Sartre. Para Miguel Oscar Menassa, la guerra de las Malvinas es una historia de la cual nadie se salva de culpa. Los ingleses “lo destruyen todo para que nadie pueda aprovecharse de lo construido hasta el momento. ¿Qué otra cosa es la guerra?” (p. 90). Son sucesos que dependen de la palabra para explicarlos, y aun así, quedan cortos en explicaciones. El personaje Vaca (o el otro ego) del libro de Miguel Oscar Menassa declara: “Sólo por saber que, en la realidad, no se puede ser, es que a un ser no le interesa nada.” Estaría plagiando, analizando o dis-construyendo el “ser o no ser” de Shakespeare? Yo me atengo a lo que dijo antes, al principio del libro:

La vida que el poeta oponía rabiosamente a las ciencias, eran palabras, y no vanas palabras al viento, juguetes de las olas, sino una vida tan material como las ciencias, porque la vida era para el poeta sus palabras escritas.” (p.16)

Cuando al premio Nobel, ya se lo estaba predestinando hace casi diez años en cada “encrucijada / de tener que asegurar algo” (p.11) en sus versos de “pibe” porteño:

Yo lo sabía, habría tocarme algo pequeño:
Antes de gozar había que ayudarle a crecer.
Tenía que dar la vida antes de poseerla.
(p. 12)

La vaca, con sus cuatro patas arriba es la vida, la conciencia, la razón incomprensible de la realidad, la espera del Nobel el futuro:

El Nobel, quién sabe, mas no hago ningún esfuerzo porque escapar es imposible y mientras tanto, tejo una red de versos incalculables. (p. 48)

La vaca resulta ser una de esas cosas, que “El bastón, las monedas, el llavero, la cerradura, los naipes, el tablero, el libro y el inútil espejo” eran para el otro poeta y escritor argentino, El Ciego, que esperó, pero nunca alcanzó el Nobel. No creo que MOM lo espere tan duramente. En ese libro ya un tanto sobrepasado por otros versos y otros pensares, él dice en un verso de amor finalista: Nada tomé, nada te debo, no puedo ni amarte.” (p. 14)

* Menassa, Miguel Oscar: Monólogo entre la vaca el moribundo. Editorial Grupo Cero. Madrid, España, 2001.

Teresinka Pereira
e-mail: tpereira@buckeye-express.com
WEBSITE: http://www.international-writers-association.com/

domingo, 14 de marzo de 2010

Entrevista a: Miguel Oscar Menassa por Teresinka Pereira publicada en la revista Primacía de marzo 2010

PREMIO NOBEL DELITERATURA 2010 MIGUEL OSCAR MENASSA

ENTREVISTA:


-¿Te acuerdas cuándo empezaste a interesarte por las artes?


Mi madre, cuando yo era un niño pequeño, no me cantaba "nanas" me cantaba "tangos". Y mi padre, parahacerme dormir, me contaba cuentos árabes. Bajo esos influjos a los 6 años escribí mi primer verso.

En esa época, primer grado inferior, la maestra cuando un niño no se comportaba como ella lo deseaba, ella le pegaba con un puntero o regla de madera en los dedos. Recuerdo que un día ella me quiso pegar porque yo le tiré un papelito a otro niño y yo muy serio le dije: "Mire señorita, no me pegue en los deditos que quiero ser escritor". La maestra anonadada no me pegó y ahí comenzó mi carrera como escritor.




-¿Cómo fue la aceptación en Buenos Aires de Pequeña Historia?

Yo publiqué el libro, se habían vendido cincuenta, sesenta ejemplares. Pero hubo una mujer, que no me puedo acordar ni su rostro ni su nombre, que me dijo "¿Tienes muchos libros?" "Me quedan cuatrocientos cincuenta" "Dámelos" "No, todos no". Le di cuatrocientos. "¿Qué vas a hacer?" "Te los voy a vender". Se fue a su pueblo, volvió y me trajo el dinero de los cuatrocientos libros.


-Pequeña historia es un título muy original y ya te presenta como un jugador

del arte extraordinario ¿Cómo explicas que un libro de poemas lleve ese título?

Muy sencillo, yo en esa época ya tenía veinte años, es decir, ya había leído a Freud (mínimo La interpretación de los sueños, Psicología de las masas y análisis del yo). Había leído a Marx, había leído cuatro o cinco obras de Faulkner, sus paréntesis me encantaban y siempre me sugerían el inconsciente. Yo leía esos grandes hombres y me los imaginaba muy grandes. Leía a Sartre, me gustaba la vida que hacía. Esas eran grandes vidas para mí, grandes historias.

Yo tenía veinte años, Pequeña historia quiere decir que mi vida era pequeña y Pequeña historia me parecía agrandar mi vida, porque ya era una historia no una pequeña vida, era una pequeña historia.


-¿Cuando fundaste el Grupo Cero con cuántos miembros contabas?

Con ninguno, yo escribí el Manifiesto y después conversación a conversación conseguí que los siete que estudiábamos psicoanálisis y medicina firmaran. En el grupo había como quinientos. No sé si el Grupo Cero llegó después a tener el esplendor que tenía cuando yo redacté y firmé el Manifiesto. Movimiento es una palabra que se introduce 10-15 años después. Era un movimiento pero nosotros nos conformábamos, de manera egoísta, con ser el Grupo Cero.


-¿Cuál era el objetivo del Grupo?

Está en el Primer Manifiesto, buscar una posible articulación entre ciencia y poesía. Si ustedes se fijan en el Manifiesto, hay cuatro o cinco conceptos freudianos fundamentales para la práctica psicoanalítica y se recomiendan los poetas: Breton, Neruda, Pavese, Vallejo, Maiacovsky, Esenín, Tuñón y los escritores: Faulkner, Sartre, Joyce, Miller, Arlt. Los fundamentos eran la teoría del inconsciente y la teoría del valor.

El objetivo del grupo era difundir la cultura allí donde los estados y los medios de difusión no difunden la cultura.


  

-¿Por qué se trasladaron a España?

Por la necesidad del psicoanálisis, en realidad nos mandó el psicoanálisis. Era urgente que España tuviera psicoanalistas, tuviera psicoanálisis, porque era representante de trescientos cincuenta millones de hispano-parlantes, que ya habían olido el psicoanálisis y España ni lo había olido. Hace treinta y cuatro años que estamos trabajando en España, precisamente para difundir el psicoanálisis entre la población.

Yo le llamo exilio voluntario pero en realidad no fue tan voluntario. Vinieron los más jóvenes, entre ellos mi mujer Olga, y me dijeron que me tenía que ir. Yo siempre obedecí. Los jóvenes se asustaron más que yo, pero yo algo asustado estaba, fue mejor cambiar de país.

Las propuestas eran las siguientes: Estados Unidos, que se hablaba en inglés, todo pago; Israel, que me hacían rico, casa, comida... pero había que aprender hebreo. Entonces nos trasladamos a España por dos motivos: porque España necesitaba psicoanálisis y porque, de las ofertas que me hicieron, la que más me gustó era España que me la tenía que arreglar solo pero se hablaba el mismo idioma.


-¿Cómo fue la vida del grupo al principio en el 76?

Un infierno, no porque la gente nos corrigiera o nos maltratara de más sino porque, a mí, me parecía que en Madrid se hablaba el peor castellano del mundo. Yo llegué en agosto, en octubre ya tenía un grupo de estudio y en el mismo mes había dado un recital en la librería Antonio Machado.


-¿Algún día pensaste regresar a tu país?

Nunca me fui de mi país, estoy permanentemente en dos países. Estoy permanentemente tanto en uno como en otro, se dice mi nombre por las calles, hay enamoradas que como no encuentran tumba tiran una rosa al aire el día de los enamorados. Además el Grupo Cero Buenos Aires, que también dirijo, es uno de los grupos más importantes de psicoanálisis y poesía. Buenos Aires funda el Grupo Cero Brasil.


-En materia de arte, ciencia y educación, Grupo Cero ya ha probado de todo: Escuela de Poesía y Psicoanálisis, Pintura, Grupo Musical, Cine ¿qué le falta hacer?

Nos falta gobernar. Además, como sabemos que gobernar tendría que ser la construcción de un conocimiento, todos estos años han servido para construir un conocimiento. Ahora sólo nos falta gobernar.

Después ¿qué le falta hacer? Hay gente que tiene que aprender a escribir, entonces mantendría los talleres de poesía.


-¿Si consigues el Nobel cuál será tu primer paso?

La verdad, lo que me da ganas de contestar es que si me dan el Nobel, uno o dos días de descanso me voy a tomar. Sería un Nobel con piernas, si me dan el premio Nobel seguramente intensificaría eso de desparramar la cultura por el mundo posible. Me dedicaría a difundir la cultura con mayor autoridad que ahora y con un poco más de dinero.

Teresinka Pereira